Reactividad 2

Tipos de reactividad

REACTIVIDAD AMBIENTAL

No suele haber un monstruo  muy claro identificado por el perro. ¡puesto que suele haber muchos! El perro suele aprender emocionalmente que una zona (puede ser salir a la calle, la calle es la zona) o una franja horaria (por la noche) todo lo que aparezca es peligroso. Generalmente va asociada a falta de socialización, la cascada de estímulos continua hace que el perro no pueda asimilarlos y acaba reaccionando a todos. También ocurre en lugares pobres de estímulos, que la aparición novedosa de cualquier cosa o ser vivo hace que el perro no pueda evitar reaccionar. Recordad que el estrés se va acumulando y puede tardar hasta 72h en volver a la homeostasis emocional, (Relax fisiológico)  por lo que algo que ocurre un lunes, puede seguir teniendo efecto en nuestro perro un miércoles perfectamente. 

REACTIVIDAD CONDICIONADA

En este modelo el monstruo está muy identificado. El perro en fases iniciales solo reacciona ante la visión, oírlo u olerle Tiene que ver con frecuencia con episodios traumáticos que generaron mucho miedo al perro, de forma directa o indirecta (un perro fue atacado por otro perro y a partir de ese incidente se muestra reactivo cuando ve a cualquier perro) o (un perro es corregido con correa severamente en presencia de otro perro y a partir de ahí, cuando ve a un perro, por condicionamiento, lo tiene asociado a la corrección no puede evitar reaccionar.  En esta opción suele suceder una secuencia muy parecida a la de depredación:
– Fijación
– Lenguaje corporal tenso
– Orejas direccionadas
Y cuando se sobrepasa la distancia de tolerancia, o la intensidad del monstruo,
se desencadena la carga, ladridos etc. 

REACTIVIDAD SENSORIAL

Es un modelo en el que los perros se muestran reactivos e hipersensibles a estímulos sensoriales como los ruidos, ser tocados o imágenes. Podemos hablar de reactividad al movimiento, al corte de uñas o cepillado (tacto) o a los ruidos. El estrés afecta poderosamente a este modelo de reactividad así como la relación que exista entre los humanos tutores y ese perro en concreto. 

Hay modelos de reactividad que son participes de todos los tipos anteriores. Un perro puede tener reactividad ambiental inicialmente, empezar a condicionar estímulos concretos por ello y empezar a crear un hábito emocional de respuesta por condicionamiento y el estrés al que están sometidos por la frecuencia de las situaciones en las que reacciona, acaba creando hipersensibilidad sensorial, para abrir una nueva vía neuronal simpática de reactividad frente a estímulos sensoriales.

Es terrible la generalización de la reactividad.

Causas principales. 

La reactividad puede tener su origen en muchos factores, no necesariamente uno solo. Mayoritariamente la reactividad nace del miedo y el estrés. Y son muchas las situaciones que pueden asustar o estresar a un perro. Pero la reactividad no es una respuesta de miedo normal. Ante lo que consideramos que es normal que un perro se asuste, no lo tomamos como conducta reactiva, sino como respuesta de miedo. Pero hablamos de reactiva frente a ese modelo de respuesta desmesurada ante algo que, a nuestros ojos, no vemos como peligroso, el perro no debería responder de forma tan desmesurada. Pero olvidamos que no se trata de lo que nosotros veamos como peligroso, sino la percepción que tenga el perro de la situación. En su cerebro la amenaza es muy real e intensa, de ahí que su respuesta vaya acorde a su percepción, no a la nuestra. En realidad, es un patrón de respuestas que se repite en el tiempo y que el perro toma como única posible respuesta en algunas situaciones no es capaz de ver otras alternativas a la reactividad y tampoco analiza lo que sucedió. Es decir, un perro acaba siendo reactivo por la repetición de situaciones que le superan con frecuencia, o por una sola situación que fue traumatizante y no pudimos evitarlo.

Vamos a analizar las causas más frecuentes:

  • • Experiencia traumática. (condicionamiento clásico)
  • • Exposición continua a situaciones desagradables, o exigentes sin permitir al organismo recuperarse ni aprender de la experiencia. La sobreestimulación
  • • Aislamiento o falta de libertad
  • • Problemas de socialización
  • • Frustración
  • • Estrés crónico
  • • No haber podido desarrollarse en todos los sentidos como individuo
  • • Predisposición genética
  • • Periodos sensibles de miedo
  • • Edad (perros jóvenes, cachorros o perros geriátricos. La disfunción cognitiva)
  • • La falta de descanso
  • • Ejercicio o juegos

Y también capítulo aparte debemos hablar del dolor y la enfermedad, que convierten al perro en un ser más vulnerable, con menos capacidad de respuesta a las situaciones y menos capacidad de lidiar con ellas así como una menor tolerancia. (al igual que nosotros, cuando estamos cansados físicamente o nos duele algo, quién no ha mandado a la mierda a alguna persona querida?)

DOLOR: con más frecuencia de lo que imaginas los perros tienen dolor, sobre todo relacionado con músculos y articulaciones. También los dolores de cuello, espalda y cervicales son frecuentes. En ocasiones tiene que ver con envejecimiento (artrosis) otras veces con patologías articulares (displasia de cadera), también por el uso de collares (cuello y cervicales) y por los modelos de actividad física o juegos. (lanzar 33 veces la pelota) 

Debemos pensar en la anatomía de los perros. Están diseñados para que las patas traseras sean el motor (fuertes músculos) y que sirva de soporte para el peso corporal y el impulso mayoritariamente se consiga con los cuartos traseros. Las patas delanteras actúan más para repartir el peso y aliviar un poco la carga, frenar, equilibrar y amortiguar. Cuando proponemos actividades de persecución de forma repetitiva, estamos pidiendo al perro que corra de inmediato desde el parado, que frene en seco incluso con su cuello al llegar a la pelota, para luego llevar su cuello en un segundo de nuevo hacia delante para coger la bola. Y todo el freno es echado con las patas delanteras. Hay un montón de energía en diferentes direcciones que deben ser controladas de forma brusca. Inducimos al perro de forma repetida a contraer sus músculos de forma brusca después de estar plenamente extendidos y en ocasiones cuando están extendidos a extenderse más para luego contraerse de nuevo.

Y todo ello también impacta en las articulaciones, que en los cuartos delanteros son especialmente débiles y por supuesto en los músculos. Las actividades de este tipo provocan micro lesiones que de entrada solo producen dolor (inicialmente muscular y a corto plazo empezará a resentirse las articulaciones) y ello derivará en posibles patologías prematuras (artrosis). Los perros no deberían hacer este tipo de actividad física de forma frenética y repetida, no están diseñados para ella. Además, cualquier actividad física explosiva es una actividad adrenalínica, produce gran cantidad de adrenalina en tandas cortas y continuas. Las actividades que activan el sistema simpático de forma frecuente generan un estrés que el perro se “lleva a su vida diaria” después del ejercicio. La adrenalina está diseñada para dispararla una vez para afrontar una situación, no para disparar ráfagas consecutivamente, ello eleva mucho la cantidad de adrenalina en el organismo. Un perro nace diseñado para poder usar esos modelos de ejercitarse en situaciones muy concretas, no de forma habitual.

Hay estudios que ya demuestran el beneficio del descanso frente a la actividad física continua en casos de reactividad y problemas asociados al estrés. Jen Leslie trabaja en un interesante estudio en el que varía la rutina de un perro de tres días de “descanso” a la semana, para implementar una rutina de todos los días 45 minutos de actividad física importante, además de otros modelos de actividad física durante el resto del día. 

En solo una semana la conducta del “paciente” canino cambió al añadir actividad física y el empeoramiento se tradujo en:

Conductas de búsqueda de atención: 100% ↑

Reactividad al ruido: 400% ↑

Inquietud: 66% ↑

Conductas de estrés: 100% ↑

No solo empeoró en cantidad sino también en intensidad.

ENFERMEDAD: Cualquier enfermedad puede influenciar en que un perro sea más reactivo. Las enfermedades más frecuentes la pancreatitis, problemas intestinales con mala absorción de nutrientes, enfermedades del sistema endocrino, cáncer, enfermedades del oído o piel, hueso hioides roto, enfermedades autoinmunes y sobre todo problemas con la tiroides. Todas estas patologías suelen dar inicialmente síntomas en el comportamiento, incluso antes de signos físicos de la enfermedad.

Debemos hablar más en profundidad de la tiroides, porque es una glándula que controla todo el organismo y su metabolismo. Interesante el libro “La epidemia de tiroides en perros” de Jean Dodd.

Cuantas mas veces a la semana se repite un modelo de reactivada, peor diagnóstico tiene. 

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